Son
características nocivas de la organización del trabajo, que podemos identificar
a través de cinco dimensiones:
Exceso de exigencias psicológicas: cuando hay que trabajar rápido o de
forma irregular, cuando el trabajo requiere que escondamos los sentimientos,
callarse la opinión, tomar decisiones difíciles y de forma rápida;
Falta de influencia y de
desarrollo: cuando no
tenemos margen de autonomía en la forma de realizar nuestras tareas, cuando el
trabajo no da posibilidades para aplicar nuestras habilidades y conocimientos o
carece de sentido para nosotros, cuando no podemos adaptar el horario a las
necesidades familiares, o no podemos decidir cuándo se hace un descanso;
Falta de apoyo y de
calidad de liderazgo:
cuando hay que trabajar aislado, sin apoyo de los superiores o compañeros y
compañeras en la realización del trabajo, con las tareas mal definidas o sin la
información adecuada y a tiempo;
Escasas compensaciones: cuando se falta al respeto, se
provoca la inseguridad contractual, se dan cambios de puesto o servicio contra
nuestra voluntad, se da un trato injusto, o no se reconoce el trabajo, el
salario es muy bajo, etc.
Doble
presencia: el trabajo doméstico y familiar supone exigencias cotidianas que
deben asumirse de forma simultánea a las del trabajo remunerado. La
organización del trabajo en la empresa puede impedir la compatibilización de
ambos trabajos, a pesar de disponer de herramientas y normativa para la
conciliación de la vida laboral y familiar. Las mujeres siguen realizando y
responsabilizándose del trabajo doméstico y familiar, por lo que la doble
presencia es más prevalente entre el colectivo de mujeres.
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